Nota de Prensa
La cooperativa granadina desarrolla un ensayo con sus propios aceites sobre su evolución a diferentes temperaturas y traslada este conocimiento al consumidor y al canal HORECA mediante refrigeradores específicos para su conservación.
Granada, octubre de 2026. ¿Qué ocurre con un aceite de oliva virgen extra cuando, una vez envasado, queda expuesto durante semanas o meses a temperaturas elevadas? La conservación también influye en la evolución de un AOVE y, especialmente, en la capacidad de mantener durante más tiempo las cualidades con las que salió de la almazara.
Numerosos estudios e investigaciones han analizado a lo largo de los años el efecto de la temperatura sobre el aceite de oliva virgen extra, poniendo de manifiesto la importancia de las condiciones de almacenamiento. La exposición a temperaturas elevadas favorece los procesos de oxidación y acelera el deterioro del aceite, de ahí que evitar el calor, junto con la luz y el contacto con el oxígeno, sea una de las recomendaciones habituales para su correcta conservación.
Partiendo de este conocimiento, Conde de Benalúa ha querido estudiar qué sucede concretamente con sus propios aceites.
Desde hace unos meses, el departamento de I+D+i de la cooperativa está desarrollando un ensayo preliminar en el que analiza la evolución de sus AOVEs conservados bajo diferentes condiciones de temperatura y durante distintos periodos de tiempo.
Los primeros resultados obtenidos siguen la tendencia descrita por investigaciones anteriores y apuntan a una evolución más contenida de los aceites conservados a menor temperatura frente a aquellos sometidos a temperaturas más elevadas, tanto en determinados parámetros químicos como en su evolución organoléptica.
Son resultados preliminares y el seguimiento continúa. Sin embargo, para Conde de Benalúa plantean una cuestión importante: si sabemos que el calor perjudica la conservación del AOVE, ¿por qué no controlar también su temperatura una vez que el aceite sale de la almazara?
Método Conde de Benalúa – Calidad Oleofresh
De este planteamiento surge el Método Conde de Benalúa – Calidad Oleofresh, una propuesta de conservación basada en mantener el AOVE a una temperatura estable en torno a los 15 ºC, evitando especialmente la exposición al calor y las oscilaciones térmicas.
Por ello, la propuesta de Conde de Benalúa no se queda únicamente en recomendar al consumidor que proteja el aceite del calor.
Para ello, Conde de Benalúa facilita refrigeradores específicos para la conservación de sus AOVEs, tanto para su utilización en domicilios particulares como en el canal HORECA, especialmente en restaurantes y hoteles.
La propuesta cambia, por tanto, el enfoque tradicional de la recomendación. No se trata únicamente de decir cómo debería conservarse un buen AOVE, sino de facilitar los medios para poder hacerlo.
Si dedicamos todo nuestro esfuerzo a producir un AOVE de máxima calidad, queremos seguir cuidándolo una vez que sale de nuestra almazara. No queremos limitarnos a recomendar al consumidor o al restaurador que proteja el aceite del calor; queremos facilitarle los medios para hacerlo”.
Del campo al consumidor: cuidar cada etapa
Para Conde de Benalúa, la calidad no finaliza cuando el aceite sale de la almazara.
Comienza en el campo, con el cuidado del olivar y la elección del momento de recolección; continúa en la almazara, con el control de los procesos de extracción; sigue durante el almacenamiento y el envasado y debe mantenerse también durante la comercialización y el consumo.
El Método Conde de Benalúa – Calidad Oleofresh incorpora la conservación como una etapa más dentro de esta forma de entender la calidad.
La iniciativa refleja además la apuesta de la cooperativa por incorporar investigación, tecnología, analítica y control de los procesos a la elaboración y conservación de sus aceites.
Conservar también es hacer calidad
Durante años, el consumidor ha aprendido que un AOVE debe protegerse de la luz y mantenerse alejado de fuentes de calor. Conde de Benalúa quiere avanzar ahora un paso más: incorporar el control de la temperatura como un hábito de conservación también fuera de la almazara.
Y, sobre todo, facilitar que pueda hacerse.
Porque quien elige un aceite de oliva virgen extra está eligiendo un producto por su calidad y por unas determinadas características químicas y sensoriales. Trabajar para que esas características se mantengan durante más tiempo es también una forma de proteger el valor del producto.
Esa es la filosofía que resume el Método Conde de Benalúa – Calidad Oleofresh: cuidar el aceite después de elaborarlo con el mismo criterio con el que se ha cuidado antes.
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Ensayo preliminar
El ensayo de conservación en frío, en detalle
Más allá del titular, el ensayo preliminar realizado por el equipo de I+D+i de Conde de Benalúa permite entender cómo se ha estudiado la conservación del aceite y por qué sus resultados apuntan en una dirección clara. No se trata de un experimento de laboratorio en condiciones ideales, sino de un estudio pensado para reproducir situaciones reales de consumo: el aceite tal y como lo guarda una familia en casa o un restaurante en su cocina.
Para ello, el equipo hizo seguimiento de tres marcas de la cooperativa —Amarga y Pica, Benalúa y Duque de San Pedro de Galatino— conservadas simultáneamente en cuatro entornos distintos durante unos dos meses, entre julio y septiembre de 2026. A lo largo de ese periodo se analizaron tanto parámetros químicos (como la acidez o el índice de peróxidos) como una evaluación sensorial, catando cada aceite para valorar cómo evolucionaban sus aromas y sabores.
Cuatro formas reales de guardar el aceite
La clave del ensayo está en las condiciones elegidas, que van desde el frío del frigorífico hasta el calor de una cocina en plena actividad. Cada botella se almacenó en uno de estos cuatro entornos:
| Entorno de almacenamiento | Temperatura aproximada |
|---|---|
| Frigorífico convencional (F1) | 4 °C |
| Frigorífico OleoFresh – método Conde de Benalúa (F2) | ≈ 14 °C |
| Sala de restauración (A1) | 21-27 °C |
| Cocina, cerca de focos de calor (E1) | > 28 °C |
Las dos primeras condiciones representan la conservación en frío que propone el método: una, la del frigorífico doméstico habitual; otra, la del equipo OleoFresh, que mantiene el aceite en torno a los 14-15 °C, una temperatura más amable para el AOVE que la del frigorífico convencional. Las dos últimas reflejan las situaciones más comunes —y más exigentes— del día a día: una sala de restaurante y el entorno de una cocina, donde el aceite convive con el calor de los fogones.
Qué pasó a los 60 días
Al cabo de dos meses, la diferencia entre guardar el aceite en frío o dejarlo expuesto al calor se hizo evidente, y se reprodujo en las tres marcas estudiadas.
El indicador más revelador fue el índice de peróxidos, que mide el grado de oxidación del aceite: cuanto más bajo, mejor conservado está el AOVE. Los aceites refrigerados promediaron 6,33 meq O₂/kg, mientras que los conservados en sala o cocina alcanzaron 14,98 — es decir, más del doble de oxidación fuera del frío. Dicho de otro modo, el calor hizo envejecer el aceite a un ritmo notablemente más rápido.
| Indicador a 60 días | En frío (4 °C y ≈14 °C) | Fuera de frío (sala y cocina) |
|---|---|---|
| Índice de peróxidos (meq O₂/kg) | 6,33 | 14,98 |
| Defecto sensorial registrado | 0 | 0,5 – 1,5 |
La cata confirmó lo que decían los números. Las seis botellas conservadas en frío no presentaron ningún defecto sensorial, mientras que las que estuvieron a temperatura ambiente o cerca del calor empezaron a mostrar los primeros defectos. Además, los atributos positivos que caracterizan a un buen AOVE —las notas verdes que recuerdan a hierba o alcachofa, y el picante propio de un aceite vivo— se mantuvieron más intensos en las muestras refrigeradas. El frío, por tanto, no solo frenó el deterioro químico, sino que ayudó a preservar el carácter del aceite en boca.
Un estudio preliminar y honesto
Conde de Benalúa presenta estos datos con la prudencia que merecen. Se trata de un ensayo observacional preliminar: siguió una botella por cada combinación de marca y condición, durante dos meses, de modo que ofrece una fotografía orientativa, no una conclusión definitiva. Por eso la cooperativa es transparente sobre sus límites: el estudio todavía no cuantifica cuántos meses de vida útil adicional aporta el frío, ni señala una única temperatura como la óptima, ni mide la retención de polifenoles o antioxidantes.
Lo que sí ofrece es una dirección clara y coherente con décadas de investigación previa sobre el aceite de oliva: conservar el AOVE a temperatura controlada ayuda a mantener su calidad durante más tiempo. El propio equipo de I+D+i prevé una segunda fase de validación para seguir profundizando. Y es precisamente esa manera de trabajar —medir, contrastar y no prometer de más— la que respalda la filosofía del Método Calidad Oleofresh: aplicar al cuidado del aceite el mismo rigor con el que se elabora.
Preguntas frecuentes
¿A qué temperatura se debe conservar el aceite de oliva virgen extra?
Lo recomendable es protegerlo del calor, la luz y el oxígeno. El Método Calidad Oleofresh propone mantenerlo a una temperatura estable en torno a los 15 °C, evitando las oscilaciones térmicas.
¿Se puede guardar el AOVE en el frigorífico?
Sí. El frío ralentiza la oxidación. En el ensayo de Conde de Benalúa, los aceites refrigerados mostraron a los 60 días menos de la mitad de índice de peróxidos que los conservados a temperatura ambiente o cerca de focos de calor.
¿El aceite de oliva se estropea con el calor?
El calor acelera los procesos de oxidación y el deterioro del aceite, haciendo que pierda antes sus cualidades. Por eso conviene alejarlo de fuentes de calor como el fuego de la cocina.
¿Qué es el Método Conde de Benalúa – Calidad Oleofresh?
Es una propuesta de conservación que mantiene el AOVE a temperatura controlada (~15 °C) y facilita refrigeradores específicos tanto para hogares como para restaurantes y hoteles, para proteger la calidad del aceite también después de la almazara.


